Thursday, October 15, 2026

Cuando cuidar a nuestros adultos mayores se convierte en un acto de humanidad


Puerto Rico está cambiando. Una de las transformaciones que más debe llamarnos a la reflexión es el aumento de nuestra población de adultos mayores. Cada día son más las personas que llegan a esa etapa de la vida en la que la salud comienza a requerir mayores cuidados, más visitas médicas, tratamientos, terapias y, en ocasiones, hospitalizaciones.

Ante ello, me pregunto: ¿estamos preparados como sociedad para cuidar de quienes durante tantos años cuidaron de nosotros?

La pregunta es complicada. Nuestro sistema de salud enfrenta grandes retos, tanto en hospitales públicos como privados. Todos conocemos de alguna manera historias de largas esperas, dificultades para conseguir servicios y situaciones que hacen más difícil un momento que de por sí resulta doloroso para una familia.

Sin embargo, también existen experiencias que nos devuelven la esperanza y que merecen ser reconocidas.

Recientemente tuve la oportunidad de pasar dos semanas junto a mi madre, quien estuvo recluida en el cuarto 230 del Hospital San Carlos de Moca debido a una condición de salud. En la estadía me percaté que un 90% de los pacientes son adultos mayores. Segundo, observé algo que considero digno de destacar: la calidad humana de quienes tienen la responsabilidad de cuidar a nuestros enfermos.

Esta experiencia fue una atención de primera en este Hospital. Pude apreciar el compromiso de la facultad médica, como los médicos H. Luiggi, Machado, Hernández, C. Torrado, Edwin Soto y Eddomal López; el cuerpo de enfermería, entre ellos V. Jiménez, Y. Feliciano, M. López, V. Minaya y L. Castro; y los terapistas. A todos mi agradecimiento a nombre de las personas mayores.

Pero sería injusto mencionar solamente a quienes aparecen al frente de la atención médica. También quiero reconocer a quienes limpian las habitaciones, sirven los alimentos, mantienen la seguridad y realizan tantas otras tareas necesarias para que un hospital pueda funcionar. Todos, de una manera u otra, tuvieron contacto con nuestra madre y contribuyeron a que esos días fueran más llevaderos.

Hay algo que no aparece en una factura médica ni en un expediente clínico: el trato humano. Una palabra amable, una sonrisa, la disposición de escuchar, la paciencia para explicar y el interés genuino por ayudar tienen un valor enorme cuando un ser querido está enfermo.

Esta experiencia me hizo pensar que el envejecimiento de Puerto Rico no debe ser visto únicamente como una estadística. Detrás de cada número hay un padre, una madre, un abuelo, una abuela; hay historias de vida, sacrificios, familias y generaciones.

Nuestros adultos mayores no están pidiendo privilegios. Están reclamando, aunque muchas veces no lo digan, algo tan sencillo como ser tratados con dignidad.

Por eso, mientras en Puerto Rico continuamos envejeciendo, necesitamos sensibilidad, compromiso y humanidad.

Hoy reconozco al Hospital San Carlos de Moca porque, durante esos días junto a nuestra madre, pude comprobar que todavía existen lugares donde cuidar a un paciente significa también cuidar a la persona.

A todos los que hicieron posible esa experiencia, gracias. Como hijo, difícilmente podré olvidar esos gestos de humanidad.

No comments: