Análisis histórico, político, social y cultural de la obra del
Dr. Bernabé Soto Beltrán el 22 de octubre de 2026 a la
1:30 de la tarde en el Salón de Encuentros Hilda Bacó, Universidad
Interamericana de Puerto Rico en Aguadilla
Expocisión del Dr. Nelson Arnaldo Vera Hernández
Buenas tardes.
Previo a la
exposición deseo agradecer a la Universidad Interamericana de Puerto Rico y su
Recinto Aguadillano por la oportunidad de ser parte de esta actividad y estar
en su facultad a tiempo parcial. También, al colega Dr. Bernabé Soto Beltrán
brindarme la oportunidad de presentar su libro y redactar el prefacio de esta
aportación al conocimiento que había quedado en las lagunas del tiempo.
La historia
del Caribe durante el siglo XIX estuvo marcada por el colonialismo, las luchas
independentistas y profundas transformaciones políticas, económicas y sociales.
En ese escenario surgieron propuestas dirigidas a superar la fragmentación de
las Antillas y promover la cooperación entre pueblos que compartían vínculos
históricos, culturales y geográficos. Entre ellas sobresale el ideal de
establecer una Confederación Antillana, proyecto que aspiraba a fortalecer la
soberanía y la solidaridad regional frente al dominio colonial y los intereses
de las potencias extranjeras.
La obra La
Confederación Antillana: Eclosión y extinción de un ideal, del Dr. Bernabé
Soto Beltrán, recién publicada, examina esta aspiración desde una perspectiva
histórica, política e intelectual. Su importancia consiste no solo en estudiar
un proyecto que no llegó a convertirse en una estructura política permanente,
sino también en recuperar una idea central del pensamiento caribeño: la
posibilidad de que pueblos políticamente separados reconocieran sus intereses
comunes y cooperaran sin renunciar a sus respectivas identidades nacionales y
culturales.
El tema
permite reflexionar sobre la relación entre independencia, soberanía,
identidad, solidaridad e integración regional. También demuestra que los
proyectos políticos pueden surgir de aspiraciones compartidas y, sin embargo,
enfrentar obstáculos que impiden su realización. La historia de la
Confederación Antillana invita, por ello, a examinar tanto las razones que
impulsaron su aparición como las circunstancias que limitaron su desarrollo.
Para
comprender el proyecto es importante distinguir entre confederación y
federación. Una confederación supone la cooperación entre entidades políticas
soberanas que acuerdan trabajar conjuntamente en determinadas áreas y conservan
un grado significativo de autonomía. Una federación, en cambio, establece una
estructura política común con competencias sobre sus integrantes y ciudadanos. En
este caso de referencia, la diferencia ayuda a evitar que el ideal antillano se
interprete simplemente como el intento de convertir a Cuba, Puerto Rico,
República Dominicana y Haití en un solo país.
La
aspiración de la Confederación procuraba conciliar la independencia de cada
pueblo con la cooperación necesaria para defender intereses compartidos. Su
desafío principal era determinar cómo podían organizarse sociedades con
trayectorias históricas distintas, pero expuestas a problemas relacionados con
el colonialismo, la soberanía y la influencia de potencias extranjeras. Se
trataba de preservar la personalidad política y cultural de cada territorio y,
al mismo tiempo, establecer mecanismos comunes de colaboración.
Por eso, la
Confederación Antillana debe entenderse como una aspiración histórica
desarrollada mediante ideas, debates, relaciones personales y proyectos
políticos. Su estudio exige considerar tanto las condiciones que hicieron
posible imaginar una comunidad antillana como los factores que impidieron
establecerla de manera duradera.
De izquierda a derecha: Dr. Bernabé Soto, Dra. Sheykirisabel Cúcuta, Dra. Evelyn Castillo y Dr. Nelson Arnaldo Vera
Pero para
penetrar en el análisis del libro conversáremos un momento con su autor.
Este
fabuloso libro nos explica que el ideal antillano estuvo vinculado con
intelectuales y dirigentes que, desde distintas experiencias nacionales,
reflexionaron sobre el destino de la región. Entre las figuras más relevantes
se encuentran Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, José Martí,
Gregorio Luperón y Anténor Firmin. Sus prioridades no fueron necesariamente
idénticas, pero sus trayectorias permiten observar las conexiones entre los
procesos nacionales y las aspiraciones regionales.
Ramón
Emeterio Betances representa una figura esencial del independentismo
puertorriqueño y de la solidaridad antillana. Su visión de la libertad
trascendía una lucha estrictamente nacional y vinculaba el destino de Puerto
Rico con las aspiraciones emancipadoras de otros pueblos del Caribe. Desde esta
perspectiva, la independencia de una isla formaba parte de una transformación
regional más amplia, en la que la libertad de un pueblo podía relacionarse con
la de sus vecinos.
Eugenio
María de Hostos aporta la reflexión sobre la unidad y la personalidad propia de
cada sociedad. Su pensamiento permite considerar que la cooperación no tiene
por qué producir uniformidad. Los pueblos pueden compartir objetivos sin
renunciar a sus diferencias históricas, culturales y sociales. El reto consiste
en desarrollar una identidad colectiva capaz de reconocer la diversidad de sus
integrantes.
José Martí
amplía el análisis desde la experiencia cubana. Su prioridad política estuvo
estrechamente relacionada con la independencia de Cuba, aunque la cooperación
entre los pueblos antillanos también constituye una dimensión relevante para
comprender el contexto regional. Su caso pone de relieve la relación entre
nacionalismo e integración: defender la independencia nacional no excluye
necesariamente la posibilidad de establecer acuerdos con otros pueblos, siempre
que la cooperación contribuya a fortalecer la soberanía y atender intereses
comunes.
La figura
de Gregorio Luperón incorpora la experiencia dominicana, marcada por conflictos
internos, luchas por la soberanía y relaciones complejas con otras potencias.
Su presencia recuerda que el ideal antillano no debe reducirse a una aspiración
de dirigentes puertorriqueños y cubanos. Las ideas y los movimientos políticos
circulaban entre las islas, de modo que la historia regional no puede
comprenderse únicamente a través de las fronteras nacionales.
La
inclusión de Haití y de Anténor Firmin amplía todavía más el marco
interpretativo. La revolución haitiana y la conquista de su independencia
ocuparon un lugar excepcional en la historia caribeña. Considerar la
experiencia haitiana evita limitar el análisis al Caribe hispanohablante y
reconoce la naturaleza multilingüe y multicultural de la región. Firmin
representa una tradición intelectual que contribuye a recuperar perspectivas
que pueden quedar relegadas cuando el estudio de las Antillas se concentra
principalmente en Cuba y Puerto Rico.
En
conjunto, estas figuras permiten entender la antillanidad como una aspiración
regional diversa. No formaron necesariamente un bloque de pensamiento uniforme;
su relevancia consiste en mostrar distintas maneras de relacionar la soberanía
nacional con la solidaridad entre pueblos vecinos.
La
Confederación Antillana no puede analizarse solamente a partir de las
aspiraciones de sus promotores. También deben considerarse las condiciones
internacionales que limitaban las posibilidades de establecer una organización
política regional. Durante el siglo XIX, el Caribe poseía gran valor
estratégico por su ubicación, sus rutas marítimas, sus recursos económicos y su
importancia militar. La proximidad de Estados Unidos y la presencia de
potencias europeas generaban intereses que influían sobre el futuro de las
sociedades antillanas.
Una
confederación independiente podía alterar el equilibrio político regional. La
cooperación entre los pueblos de las Antillas ofrecía una posible vía para
fortalecer su capacidad de defender intereses comunes, pero también podía
entrar en conflicto con los objetivos de potencias que pretendían ampliar su
influencia. Por tanto, las razones por las cuales el proyecto no se materializó
no pueden atribuirse únicamente a desacuerdos personales o diferencias
ideológicas. Es necesario tomar en cuenta las relaciones de poder, las
estructuras coloniales y las circunstancias internacionales.
El
colonialismo español, las guerras independentistas cubanas, las diferencias
entre los territorios y los intereses económicos extranjeros formaron parte de
un escenario complejo. A estos factores se añadían los conflictos internos y
las dificultades prácticas de crear instituciones comunes entre sociedades que
atravesaban procesos políticos distintos. La experiencia demuestra que la
viabilidad de un proyecto regional depende tanto de la fuerza de sus ideas como
de la existencia de acuerdos, recursos, instituciones y condiciones materiales
que permitan llevarlas a la práctica.
El concepto
de *eclosión* del título alude al surgimiento de una aspiración que respondió a
condiciones históricas concretas. Entre los elementos que favorecieron su
aparición se encontraban los vínculos culturales e históricos entre las
Antillas, las experiencias compartidas de dominación colonial, las luchas por
la soberanía y la circulación de ideas independentistas. El ideal no surgió
espontáneamente ni fue producto exclusivo de una persona: se desarrolló
mediante la participación de intelectuales, revolucionarios y dirigentes que
imaginaron alternativas a la fragmentación política.
La
Confederación Antillana expresó así una respuesta intelectual a la separación
política de los territorios caribeños. Sus promotores entendían que ciertos
problemas superaban la capacidad de acción de cada sociedad por separado y que
la cooperación podía fortalecer la defensa de la soberanía y ampliar las
posibilidades de actuación política.
La
concurrencia se preguntará el por qué de la expresión extinción de un ideal y
ya desde el título. Es que la expresión plantea el problema de por qué la
Confederación Antillana no llegó a constituirse en una organización política
permanente. Hubo obstáculos como las prioridades particulares de los
movimientos nacionales, las diferencias políticas entre los territorios, los
conflictos internos, las guerras de independencia, la persistencia del dominio
colonial español y la influencia de potencias extranjeras. También resultaba
difícil establecer instituciones comunes y coordinar intereses entre sociedades
con circunstancias distintas.
El problema
fundamental fue la tensión entre las aspiraciones y las condiciones históricas.
Una idea podía resultar atractiva desde el punto de vista intelectual, pero su
realización exigía consenso, recursos, estructuras institucionales y acuerdos
concretos. La voluntad de unidad no bastaba por sí sola para superar las
divisiones políticas ni las presiones externas.
Sin
embargo, que el proyecto no se convirtiera en una entidad permanente innecesariamente
significa que todos sus principios desaparecieran. Es necesario distinguir
entre la extinción de una estructura política y la permanencia de sus ideas en
la memoria histórica y en el pensamiento regional. La solidaridad, la soberanía
y la cooperación continuaron siendo conceptos útiles para reflexionar sobre el
destino del Caribe. Este libro aporta a ello.
Por ello,
conviene utilizar con cautela la noción de fracaso. La imposibilidad de
alcanzar un objetivo institucional no elimina el valor histórico de una
propuesta ni su capacidad para inspirar a generaciones posteriores y su
significado. La Confederación Antillana constituye un ejemplo de cómo las
sociedades imaginan alternativas políticas ante la dominación, la fragmentación
y la vulnerabilidad frente a poderes externos.
Como
historiador socio cultural y sociólogo que soy, les puedo decir que el proyecto
puede analizarse desde una perspectiva sociológica. La integración entre
pueblos no depende únicamente de acuerdos políticos o estructuras
administrativas; requiere confianza, solidaridad, valores compartidos y una
percepción de pertenencia a una comunidad más amplia. La antillanidad puede
entenderse como una identidad regional que coexiste con las identidades
nacionales. Una persona puede reconocerse como puertorriqueña, cubana,
dominicana o haitiana y, a la vez, identificarse con una comunidad caribeña
formada por experiencias históricas relacionadas.
Esta
posibilidad no elimina las diferencias lingüísticas, culturales, políticas y
sociales entre las Antillas. Al contrario, una integración sostenible debe
reconocerlas. La unidad no debe confundirse con la uniformidad ni exigir la
desaparición de las particularidades nacionales. El desafío consiste en
desarrollar mecanismos de cooperación que respeten la personalidad de cada
sociedad y permitan identificar intereses comunes.
La historia
del ideal antillano muestra que la cercanía geográfica no basta para construir
una comunidad regional. Es necesario desarrollar conciencia de los vínculos
históricos y comprender que los problemas de un territorio pueden estar
relacionados con los de sus vecinos. Esta dimensión social amplía la
interpretación política del proyecto y conecta la historia con las experiencias
colectivas, las identidades y las aspiraciones de los pueblos caribeños.
Esta obra
permite observar una aproximación multinacional a un problema histórico común.
La consideración de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Haití permite
examinar el Caribe como un espacio de relaciones políticas e intelectuales que
sobrepasan las fronteras. Personas, ideas, documentos, correspondencia y
proyectos revolucionarios circularon entre las islas; por eso, una historia
regional no puede comprenderse plenamente cuando cada país se estudia de forma
aislada.
Al leer el
libro para redactar el Prefacio, pude percatarme, y destaco, el uso de fuentes
primarias y secundarias. Las fuentes primarias —como cartas, manifiestos,
discursos, artículos periodísticos y documentos políticos— permiten reconstruir
las ideas y actuaciones de los protagonistas. Las secundarias ayudan a situar
esas ideas en la historiografía y en los debates académicos. La combinación de
documentación e interpretación crítica es fundamental para estudiar un proyecto
desarrollado mediante múltiples actores y circunstancias, para todo aquel que
desarrolle una investigación seria.
Una evaluación historiográfica definitiva, no
obstante, requiere examinar directamente el texto completo, sus capítulos,
notas, bibliografía y selección documental. Esa revisión permitiría precisar la
solidez de los argumentos y su aportación frente a investigaciones anteriores.
Con esa salvedad, el tema ofrece un marco útil para relacionar pensamiento
político, movimientos independentistas, identidad regional y geopolítica.
Aunque las
condiciones del siglo XXI difieren de las del siglo XIX, el ideal de
cooperación antillana conserva interés como objeto de reflexión. Los pueblos
caribeños afrontan desafíos relacionados con la migración, el desarrollo
económico, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la educación, el
turismo, el comercio y la preservación cultural. Estos problemas no afectan a
todas las sociedades del mismo modo, pero evidencian la importancia del diálogo
y de mecanismos de cooperación regional.
La vigencia
del ideal no exige reproducir literalmente la confederación imaginada en el
siglo XIX. Las estructuras políticas, las relaciones internacionales y las
circunstancias económicas han cambiado. Sin embargo, su historia permite
considerar cómo sociedades con intereses compartidos pueden buscar soluciones
conjuntas sin renunciar a su autonomía. La pregunta contemporánea consiste en
determinar si es posible construir una unidad antillana que respete la
diversidad política y cultural de cada pueblo.
Desde una
perspectiva académica, el tema presenta varios elementos de interés. En primer
lugar, aborda una aspiración importante de la historia política e intelectual
del Caribe. En segundo lugar, propone considerar el proyecto desde una
perspectiva multinacional, incorporando experiencias de Cuba, Puerto Rico,
República Dominicana y Haití. La atención a la tradición intelectual haitiana
amplía el horizonte del análisis más allá del Caribe hispano. Asimismo, el
estudio permite relacionar independencia, soberanía, identidad, cooperación y
geopolítica dentro de un mismo marco.
Resulta
valioso examinar tanto las aspiraciones de los promotores como las
circunstancias que impidieron la realización del proyecto, pues ello evita
explicaciones simplistas y muestra la interacción entre los ideales políticos y
las condiciones históricas. Aun así, una valoración definitiva del libro
requiere una lectura integral que permita verificar la estructura de los
capítulos, la consistencia de los argumentos, el uso de las fuentes y el
diálogo con otras investigaciones. No sería correcto atribuir conclusiones
específicas al autor sin comprobarlas directamente en el texto.
En
conclusión, La Confederación Antillana: Eclosión y extinción de un ideal,
del Dr. Bernabé Soto Beltrán, invita a comprender una de las aspiraciones
políticas e intelectuales significativas del Caribe decimonónico: la
posibilidad de construir una comunidad regional fundada en la cooperación, la
soberanía y el reconocimiento de vínculos históricos y culturales. Las figuras
de Betances, Hostos, Martí, Luperón y Firmin permiten observar distintas
expresiones de esa aspiración, mientras que la incorporación de Haití reconoce
la diversidad lingüística, cultural y política de las Antillas.
La historia
del proyecto demuestra que las iniciativas políticas dependen no solo de la
voluntad de sus promotores, sino también de acuerdos institucionales,
condiciones materiales y circunstancias internacionales. El colonialismo, los
conflictos internos, las prioridades nacionales y los intereses de las
potencias extranjeras dificultaron su materialización. No obstante, la
desaparición del proyecto como estructura política no anuló la importancia de
sus ideas.
En última
instancia, la Confederación Antillana plantea una interrogante que trasciende
el siglo XIX: cómo construir unidad sin destruir diversidad. Su legado reside
tanto en las condiciones que propiciaron su surgimiento como en las razones que
impidieron su realización. Estudiarlo permite comprender mejor los esfuerzos de
quienes imaginaron un futuro compartido para las Antillas y reconocer que las
ideas políticas pueden conservar relevancia aun cuando no alcancen su objetivo
institucional. La obra ofrece, así, una oportunidad para estudiar el Caribe
como una región vinculada por experiencias comunes, pero compuesta por pueblos
con identidades y trayectorias propias.

