Friday, October 23, 2026

Presentación del Libro: La Confederación Antillana: Eclosión y extinción de un ideal

 

Análisis histórico, político, social y cultural de la obra del

Dr. Bernabé Soto Beltrán el 22 de octubre de 2026 a la 1:30 de la tarde en el Salón de Encuentros Hilda Bacó, Universidad Interamericana de Puerto Rico en Aguadilla



Expocisión del Dr. Nelson Arnaldo Vera Hernández


Buenas tardes.

Previo a la exposición deseo agradecer a la Universidad Interamericana de Puerto Rico y su Recinto Aguadillano por la oportunidad de ser parte de esta actividad y estar en su facultad a tiempo parcial. También, al colega Dr. Bernabé Soto Beltrán brindarme la oportunidad de presentar su libro y redactar el prefacio de esta aportación al conocimiento que había quedado en las lagunas del tiempo. 

La historia del Caribe durante el siglo XIX estuvo marcada por el colonialismo, las luchas independentistas y profundas transformaciones políticas, económicas y sociales. En ese escenario surgieron propuestas dirigidas a superar la fragmentación de las Antillas y promover la cooperación entre pueblos que compartían vínculos históricos, culturales y geográficos. Entre ellas sobresale el ideal de establecer una Confederación Antillana, proyecto que aspiraba a fortalecer la soberanía y la solidaridad regional frente al dominio colonial y los intereses de las potencias extranjeras.

La obra La Confederación Antillana: Eclosión y extinción de un ideal, del Dr. Bernabé Soto Beltrán, recién publicada, examina esta aspiración desde una perspectiva histórica, política e intelectual. Su importancia consiste no solo en estudiar un proyecto que no llegó a convertirse en una estructura política permanente, sino también en recuperar una idea central del pensamiento caribeño: la posibilidad de que pueblos políticamente separados reconocieran sus intereses comunes y cooperaran sin renunciar a sus respectivas identidades nacionales y culturales.

El tema permite reflexionar sobre la relación entre independencia, soberanía, identidad, solidaridad e integración regional. También demuestra que los proyectos políticos pueden surgir de aspiraciones compartidas y, sin embargo, enfrentar obstáculos que impiden su realización. La historia de la Confederación Antillana invita, por ello, a examinar tanto las razones que impulsaron su aparición como las circunstancias que limitaron su desarrollo.

Para comprender el proyecto es importante distinguir entre confederación y federación. Una confederación supone la cooperación entre entidades políticas soberanas que acuerdan trabajar conjuntamente en determinadas áreas y conservan un grado significativo de autonomía. Una federación, en cambio, establece una estructura política común con competencias sobre sus integrantes y ciudadanos. En este caso de referencia, la diferencia ayuda a evitar que el ideal antillano se interprete simplemente como el intento de convertir a Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Haití en un solo país.

La aspiración de la Confederación procuraba conciliar la independencia de cada pueblo con la cooperación necesaria para defender intereses compartidos. Su desafío principal era determinar cómo podían organizarse sociedades con trayectorias históricas distintas, pero expuestas a problemas relacionados con el colonialismo, la soberanía y la influencia de potencias extranjeras. Se trataba de preservar la personalidad política y cultural de cada territorio y, al mismo tiempo, establecer mecanismos comunes de colaboración.

Por eso, la Confederación Antillana debe entenderse como una aspiración histórica desarrollada mediante ideas, debates, relaciones personales y proyectos políticos. Su estudio exige considerar tanto las condiciones que hicieron posible imaginar una comunidad antillana como los factores que impidieron establecerla de manera duradera.


De izquierda a derecha: Dr. Bernabé Soto, Dra. Sheykirisabel Cúcuta
, Dra. Evelyn Castillo y Dr. Nelson Arnaldo Vera 


Pero para penetrar en el análisis del libro conversáremos un momento con su autor.

Este fabuloso libro nos explica que el ideal antillano estuvo vinculado con intelectuales y dirigentes que, desde distintas experiencias nacionales, reflexionaron sobre el destino de la región. Entre las figuras más relevantes se encuentran Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, José Martí, Gregorio Luperón y Anténor Firmin. Sus prioridades no fueron necesariamente idénticas, pero sus trayectorias permiten observar las conexiones entre los procesos nacionales y las aspiraciones regionales.

Ramón Emeterio Betances representa una figura esencial del independentismo puertorriqueño y de la solidaridad antillana. Su visión de la libertad trascendía una lucha estrictamente nacional y vinculaba el destino de Puerto Rico con las aspiraciones emancipadoras de otros pueblos del Caribe. Desde esta perspectiva, la independencia de una isla formaba parte de una transformación regional más amplia, en la que la libertad de un pueblo podía relacionarse con la de sus vecinos.

Eugenio María de Hostos aporta la reflexión sobre la unidad y la personalidad propia de cada sociedad. Su pensamiento permite considerar que la cooperación no tiene por qué producir uniformidad. Los pueblos pueden compartir objetivos sin renunciar a sus diferencias históricas, culturales y sociales. El reto consiste en desarrollar una identidad colectiva capaz de reconocer la diversidad de sus integrantes.

José Martí amplía el análisis desde la experiencia cubana. Su prioridad política estuvo estrechamente relacionada con la independencia de Cuba, aunque la cooperación entre los pueblos antillanos también constituye una dimensión relevante para comprender el contexto regional. Su caso pone de relieve la relación entre nacionalismo e integración: defender la independencia nacional no excluye necesariamente la posibilidad de establecer acuerdos con otros pueblos, siempre que la cooperación contribuya a fortalecer la soberanía y atender intereses comunes.

La figura de Gregorio Luperón incorpora la experiencia dominicana, marcada por conflictos internos, luchas por la soberanía y relaciones complejas con otras potencias. Su presencia recuerda que el ideal antillano no debe reducirse a una aspiración de dirigentes puertorriqueños y cubanos. Las ideas y los movimientos políticos circulaban entre las islas, de modo que la historia regional no puede comprenderse únicamente a través de las fronteras nacionales.

La inclusión de Haití y de Anténor Firmin amplía todavía más el marco interpretativo. La revolución haitiana y la conquista de su independencia ocuparon un lugar excepcional en la historia caribeña. Considerar la experiencia haitiana evita limitar el análisis al Caribe hispanohablante y reconoce la naturaleza multilingüe y multicultural de la región. Firmin representa una tradición intelectual que contribuye a recuperar perspectivas que pueden quedar relegadas cuando el estudio de las Antillas se concentra principalmente en Cuba y Puerto Rico.

En conjunto, estas figuras permiten entender la antillanidad como una aspiración regional diversa. No formaron necesariamente un bloque de pensamiento uniforme; su relevancia consiste en mostrar distintas maneras de relacionar la soberanía nacional con la solidaridad entre pueblos vecinos.

La Confederación Antillana no puede analizarse solamente a partir de las aspiraciones de sus promotores. También deben considerarse las condiciones internacionales que limitaban las posibilidades de establecer una organización política regional. Durante el siglo XIX, el Caribe poseía gran valor estratégico por su ubicación, sus rutas marítimas, sus recursos económicos y su importancia militar. La proximidad de Estados Unidos y la presencia de potencias europeas generaban intereses que influían sobre el futuro de las sociedades antillanas.

Una confederación independiente podía alterar el equilibrio político regional. La cooperación entre los pueblos de las Antillas ofrecía una posible vía para fortalecer su capacidad de defender intereses comunes, pero también podía entrar en conflicto con los objetivos de potencias que pretendían ampliar su influencia. Por tanto, las razones por las cuales el proyecto no se materializó no pueden atribuirse únicamente a desacuerdos personales o diferencias ideológicas. Es necesario tomar en cuenta las relaciones de poder, las estructuras coloniales y las circunstancias internacionales.

El colonialismo español, las guerras independentistas cubanas, las diferencias entre los territorios y los intereses económicos extranjeros formaron parte de un escenario complejo. A estos factores se añadían los conflictos internos y las dificultades prácticas de crear instituciones comunes entre sociedades que atravesaban procesos políticos distintos. La experiencia demuestra que la viabilidad de un proyecto regional depende tanto de la fuerza de sus ideas como de la existencia de acuerdos, recursos, instituciones y condiciones materiales que permitan llevarlas a la práctica.

El concepto de *eclosión* del título alude al surgimiento de una aspiración que respondió a condiciones históricas concretas. Entre los elementos que favorecieron su aparición se encontraban los vínculos culturales e históricos entre las Antillas, las experiencias compartidas de dominación colonial, las luchas por la soberanía y la circulación de ideas independentistas. El ideal no surgió espontáneamente ni fue producto exclusivo de una persona: se desarrolló mediante la participación de intelectuales, revolucionarios y dirigentes que imaginaron alternativas a la fragmentación política.

La Confederación Antillana expresó así una respuesta intelectual a la separación política de los territorios caribeños. Sus promotores entendían que ciertos problemas superaban la capacidad de acción de cada sociedad por separado y que la cooperación podía fortalecer la defensa de la soberanía y ampliar las posibilidades de actuación política.

La concurrencia se preguntará el por qué de la expresión extinción de un ideal y ya desde el título. Es que la expresión plantea el problema de por qué la Confederación Antillana no llegó a constituirse en una organización política permanente. Hubo obstáculos como las prioridades particulares de los movimientos nacionales, las diferencias políticas entre los territorios, los conflictos internos, las guerras de independencia, la persistencia del dominio colonial español y la influencia de potencias extranjeras. También resultaba difícil establecer instituciones comunes y coordinar intereses entre sociedades con circunstancias distintas.

El problema fundamental fue la tensión entre las aspiraciones y las condiciones históricas. Una idea podía resultar atractiva desde el punto de vista intelectual, pero su realización exigía consenso, recursos, estructuras institucionales y acuerdos concretos. La voluntad de unidad no bastaba por sí sola para superar las divisiones políticas ni las presiones externas.

Sin embargo, que el proyecto no se convirtiera en una entidad permanente innecesariamente significa que todos sus principios desaparecieran. Es necesario distinguir entre la extinción de una estructura política y la permanencia de sus ideas en la memoria histórica y en el pensamiento regional. La solidaridad, la soberanía y la cooperación continuaron siendo conceptos útiles para reflexionar sobre el destino del Caribe. Este libro aporta a ello.

Por ello, conviene utilizar con cautela la noción de fracaso. La imposibilidad de alcanzar un objetivo institucional no elimina el valor histórico de una propuesta ni su capacidad para inspirar a generaciones posteriores y su significado. La Confederación Antillana constituye un ejemplo de cómo las sociedades imaginan alternativas políticas ante la dominación, la fragmentación y la vulnerabilidad frente a poderes externos.

Como historiador socio cultural y sociólogo que soy, les puedo decir que el proyecto puede analizarse desde una perspectiva sociológica. La integración entre pueblos no depende únicamente de acuerdos políticos o estructuras administrativas; requiere confianza, solidaridad, valores compartidos y una percepción de pertenencia a una comunidad más amplia. La antillanidad puede entenderse como una identidad regional que coexiste con las identidades nacionales. Una persona puede reconocerse como puertorriqueña, cubana, dominicana o haitiana y, a la vez, identificarse con una comunidad caribeña formada por experiencias históricas relacionadas.

Esta posibilidad no elimina las diferencias lingüísticas, culturales, políticas y sociales entre las Antillas. Al contrario, una integración sostenible debe reconocerlas. La unidad no debe confundirse con la uniformidad ni exigir la desaparición de las particularidades nacionales. El desafío consiste en desarrollar mecanismos de cooperación que respeten la personalidad de cada sociedad y permitan identificar intereses comunes.

La historia del ideal antillano muestra que la cercanía geográfica no basta para construir una comunidad regional. Es necesario desarrollar conciencia de los vínculos históricos y comprender que los problemas de un territorio pueden estar relacionados con los de sus vecinos. Esta dimensión social amplía la interpretación política del proyecto y conecta la historia con las experiencias colectivas, las identidades y las aspiraciones de los pueblos caribeños.

Esta obra permite observar una aproximación multinacional a un problema histórico común. La consideración de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Haití permite examinar el Caribe como un espacio de relaciones políticas e intelectuales que sobrepasan las fronteras. Personas, ideas, documentos, correspondencia y proyectos revolucionarios circularon entre las islas; por eso, una historia regional no puede comprenderse plenamente cuando cada país se estudia de forma aislada.

Al leer el libro para redactar el Prefacio, pude percatarme, y destaco, el uso de fuentes primarias y secundarias. Las fuentes primarias —como cartas, manifiestos, discursos, artículos periodísticos y documentos políticos— permiten reconstruir las ideas y actuaciones de los protagonistas. Las secundarias ayudan a situar esas ideas en la historiografía y en los debates académicos. La combinación de documentación e interpretación crítica es fundamental para estudiar un proyecto desarrollado mediante múltiples actores y circunstancias, para todo aquel que desarrolle una investigación seria.

Una evaluación historiográfica definitiva, no obstante, requiere examinar directamente el texto completo, sus capítulos, notas, bibliografía y selección documental. Esa revisión permitiría precisar la solidez de los argumentos y su aportación frente a investigaciones anteriores. Con esa salvedad, el tema ofrece un marco útil para relacionar pensamiento político, movimientos independentistas, identidad regional y geopolítica.

Aunque las condiciones del siglo XXI difieren de las del siglo XIX, el ideal de cooperación antillana conserva interés como objeto de reflexión. Los pueblos caribeños afrontan desafíos relacionados con la migración, el desarrollo económico, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la educación, el turismo, el comercio y la preservación cultural. Estos problemas no afectan a todas las sociedades del mismo modo, pero evidencian la importancia del diálogo y de mecanismos de cooperación regional.

La vigencia del ideal no exige reproducir literalmente la confederación imaginada en el siglo XIX. Las estructuras políticas, las relaciones internacionales y las circunstancias económicas han cambiado. Sin embargo, su historia permite considerar cómo sociedades con intereses compartidos pueden buscar soluciones conjuntas sin renunciar a su autonomía. La pregunta contemporánea consiste en determinar si es posible construir una unidad antillana que respete la diversidad política y cultural de cada pueblo.

Desde una perspectiva académica, el tema presenta varios elementos de interés. En primer lugar, aborda una aspiración importante de la historia política e intelectual del Caribe. En segundo lugar, propone considerar el proyecto desde una perspectiva multinacional, incorporando experiencias de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Haití. La atención a la tradición intelectual haitiana amplía el horizonte del análisis más allá del Caribe hispano. Asimismo, el estudio permite relacionar independencia, soberanía, identidad, cooperación y geopolítica dentro de un mismo marco.

Resulta valioso examinar tanto las aspiraciones de los promotores como las circunstancias que impidieron la realización del proyecto, pues ello evita explicaciones simplistas y muestra la interacción entre los ideales políticos y las condiciones históricas. Aun así, una valoración definitiva del libro requiere una lectura integral que permita verificar la estructura de los capítulos, la consistencia de los argumentos, el uso de las fuentes y el diálogo con otras investigaciones. No sería correcto atribuir conclusiones específicas al autor sin comprobarlas directamente en el texto.

En conclusión, La Confederación Antillana: Eclosión y extinción de un ideal, del Dr. Bernabé Soto Beltrán, invita a comprender una de las aspiraciones políticas e intelectuales significativas del Caribe decimonónico: la posibilidad de construir una comunidad regional fundada en la cooperación, la soberanía y el reconocimiento de vínculos históricos y culturales. Las figuras de Betances, Hostos, Martí, Luperón y Firmin permiten observar distintas expresiones de esa aspiración, mientras que la incorporación de Haití reconoce la diversidad lingüística, cultural y política de las Antillas.

La historia del proyecto demuestra que las iniciativas políticas dependen no solo de la voluntad de sus promotores, sino también de acuerdos institucionales, condiciones materiales y circunstancias internacionales. El colonialismo, los conflictos internos, las prioridades nacionales y los intereses de las potencias extranjeras dificultaron su materialización. No obstante, la desaparición del proyecto como estructura política no anuló la importancia de sus ideas.

En última instancia, la Confederación Antillana plantea una interrogante que trasciende el siglo XIX: cómo construir unidad sin destruir diversidad. Su legado reside tanto en las condiciones que propiciaron su surgimiento como en las razones que impidieron su realización. Estudiarlo permite comprender mejor los esfuerzos de quienes imaginaron un futuro compartido para las Antillas y reconocer que las ideas políticas pueden conservar relevancia aun cuando no alcancen su objetivo institucional. La obra ofrece, así, una oportunidad para estudiar el Caribe como una región vinculada por experiencias comunes, pero compuesta por pueblos con identidades y trayectorias propias.